Inicio-Preguntas y consejos-¿Qué es la belleza?

¿Qué es la belleza? ¿Qué es estético y qué no lo es? ¿Es una actitud? ¿Una percepción? ¿O es algo medible? Hoy nos hemos levantado “filosóficos” y nos apetece profundizar sobre estas cuestiones… ¿Nos acompañas?

Cuando uno intenta definir la belleza, se encuentra ante muchas preguntas. Pero una cosa está clara: hay una versión objetiva de lo estético sobre la que no caben discusiones y es inamovible en el tiempo, y una versión subjetiva que es la que hace tan difícil definirla.

Valores objetivos

Hay una serie de parámetros que son sinónimo de estético. Cánones de belleza que permanecen con el paso del tiempo:

  • Armonía
  • Simetría
  • Proporción
  • Equilibrio
  • Elegancia
  • Salud
  • Juventud
  • Pureza

¿Por qué el David de Miguel Ángel ha permanecido bello con los siglos mientras cambiaban los cánones? Porque es armonioso, equilibrado, de proporciones adecuadas. ¿Por qué un cuerpo atlético y en su peso nos resulta atractivo? Porque lo asociamos a la buena salud. ¿Por qué los alquimistas perseguían la fuente de la eterna juventud? Pues eso, porque la juventud se asocia a lo bello y deseable.

Quizá no lo percibimos de forma consciente, pero ocurre: asociamos sentimientos positivos a esos valores. Y eso es así aunque haya quien diga que Adrien Brody es más atractivo con su nariz aguileña y prominente, o que le pierde el labio leporino de Joaquin Fenix. Pero eso ocurre por lo que hablaremos ahora…

Valores subjetivos

Ahora bien, hay otra serie de valores que también modifican nuestra percepción de lo estético y la belleza, como por ejemplo:

  • El carácter y la personalidad
  • Las modas y tendencias
  • Los gustos personales

¿Alguna vez te ha pasado que, a medida que conoces mejor a una persona, la ves cada vez más guapa? ¿Por qué una buena sonrisa o una mirada sincera tienen el efecto de dejarnos sin palabras? Porque el encanto personal condiciona nuestra percepción de la belleza.

La cultura y el ambiente en el que nos movemos, condicionado por las modas, también tiene su palabra a la hora de medir la belleza. Cuando Marilyn Monroe arrasaba en el cine, todas las mujeres querían ser rubias y voluptuosas. Cuando surgió la belleza delicada de Audrey Hepburn, los labios finos y los ojos grandes hacían estragos. Y no digamos nada de los cambios de opinión en piel blanca vs. piel bronceada.

Y, por último, está el propio gusto personal: no es lo mismo la belleza (valor intrínseco) que la atracción y la sensualidad (subjetiva). A cada persona le resultan atractivas diferentes cosas y no siempre tienen porqué ser realmente bellas, pueden atraer por otro motivo. ¿Alguna vez has pensado en qué es lo primero que miras en otra persona? Pues, seguramente, ese es uno de tus valores a la hora de juzgar la apariencia.

¿Por qué le damos tanta importancia a la belleza?

Muchos se apresuran en decir que es simple vanidad, una serie de tópicos rescatados del culto al cuerpo y explotados para generar necesidades artificiales.

Aun respetando todas las opiniones, tenemos que decir que no estamos totalmente de acuerdo. No tratamos de sacarla de la parcela que le corresponde, pero tampoco se debe obviar que la apariencia es importante.

 

Si nos paramos a pensar, desde tiempos inmemoriales al ser humano le atrae lo que es bello: una puesta de sol, la paz y la tranquilidad, un paisaje virgen, el arte…

Por el contrario, lo que no es agradable a nuestra vista lo evaluamos desfavorablemente.

Esa capacidad de valorar lo bello (una cualidad que no es necesaria para que el objeto sea funcional), nos diferencia de otros seres vivos, nos permite subir un peldaño.

Como en nuestro interior somos conscientes de esta realidad, ser bello (y sobre todo sentirse bello) nos hace sentir seguros y confiados: proporciona bienestar personal.

¿Se puede mejorar la belleza propia?

Mucha gente se pregunta qué hacer si la belleza propia no le satisface. Y la respuesta es simple: trabajar para mejorarla.

Con arreglo personal, potenciando los puntos fuertes y “escondiendo” los menos favorables, con una vida sana y saludable con la que nos sintamos a gusto, y esforzándonos por transmitir encanto personal, se puede mejorar mucho la percepción de la belleza propia (la que tenemos de nosotros mismos y también la que otras personas tienen de nosotros).

 

Por otra parte, el objetivo de la cirugía y medicina estética es este precisamente: hacer más agradables y atractivos todos los cuerpos, sin uniformarlos. Cada flor es bella a su manera.

Sin ser psicólogos, que no lo somos ni mucho menos, el cirujano no se limita a realizar la intervención que le solicita el paciente. Buscamos entrar en su mundo y adivinar que se esconde detrás de esta “punta del iceberg”, interiorizando su mundo, dialogando hasta descubrir de donde surge el malestar. Sólo así se pueden ofrecer resultados que satisfagan al paciente.